jueves, 19 de marzo de 2015

Reseña. Química perfecta #1





Autor:   Simone Elkeles
Editorial: Versatil juvenil
Páginas: 420
Saga: Química perfecta 1/3









Sinopsis

Los chicos del instituto Fairfield, en los suburbios de Chicago, saben que las bandas de South Side y North Side no son precisamente elementos compatibles. De modo que cuando la líder de las animadoras Brittany Ellis y el pandillero Alex Fuentes se ven obligados a trabajar como compañeros de laboratorio en clase de química, los resultados prometen ser explosivos.
Pero ninguno de los dos adolescentes está preparado para la reacción química más sorprendente de todas: el amor.
¿Podrán romper con los prejuicios y estereotipos que amenazan con separarles?


Opinión personal   

Química perfecta de Simone Elkeles es el primer libro de la trilogía Química perfecta, de género romántico-juvenil. Este libro no lo conocí hasta que me lo recomendaron. He aquí otra recomendación, aún no he escogido un libro de mi decisión propia... jaja.  Pero como prometí leerlo, lo hice y me llevé la sorpresa de que me encantó leer esta novela, además de sus más de 400 páginas lo leí en poco tiempo. Me impresioné cuando iba avanzando, lo poco que me quedaba para finalizarla.

Esta trilogía habla de tres hermanos chicanos (mexicanos) que viven en un barrio dirigido por una banda. En este primer libro de la trilogía el protagonista principal es Alejandro Fuentes, chicano atractivo, peligroso, guapo y seductor; el hermano mayor. Quien para proteger a su familia forma parte de los más fuertes de la banda, ya que su padre fue su antecesor. A pesar de su aspecto duro y refunfuñón es un chico adorable y comprensible.
En este lugar como cualquier otra ciudad, se divide en dos, la zona norte y la zona sur; hay un mismo instituto, en el que asisten los blancos (americanos), los del norte, y los chicanos, de la zona sur. 
A pesar de ser pandillero, Alex asiste a clase, su deseo es llegar a la universidad, sin embargo, la fama de este chico no es óptima para lograr esa meta.

Por otra parte; está la chica, la líder de las animadoras Brittany Ellis. Por ser “blanquita” como la llama Alex, y una niña de la zona “rica”, es por lo que ambos son como el perro y el gato.

“Lo siento –grito para que puedan oírme por encima del rugido de la moto-. Pensaba que no había nadie aparcando.  
Entonces me doy cuenta a quién pertenece la moto. El conductor se da la vuelta, con una mirada enfadada en sus ojos negros y una bandana roja y negra. Me hundo en el asiento del conductor tanto como puedo.
-Mierda, es Alex Fuentes –digo, haciendo una mueca.
-Joder, Britt –añade Sierra en voz baja-. Me gustaría vivir para ver nuestra graduación, así que sal de aquí antes de que decida matarnos a las dos.
Ales me fulmina con la mirada diabólica mientras baja el caballete de su moto. ¿Acaso va a plantarme cara?”

Aunque en el fondo son iguales, son personas que se muestran de una manera diferente en la sociedad, solo para encajar bien en sus respectivos papeles.

“- ¿Señorita Ellis? Su turno. Presente a Alex a sus compañeros.
-Os presento a Alejandro Fuentes. (...)
-Su mayor deseo -continúa-, es ir a la universidad y llegar a ser profesor de química, como usted, señora Peterson. Brittany me lanza una sonrisa triunfal, segura de que ha ganado esta ronda.
«Buen intento, pija».
-Os presento a Brittany Ellis -empiezo, sabiendo que todas las miradas recaen sobre mí-. Este verano se ha dedicado a ir al centro comercial a comprar ropa nueva para ampliar su vestuario, y se gastó el sueldo de papá en una operación de cirugía estética para realzar sus, ejem, cualidades. Su mayor deseo -añado, obteniendo la misma reacción que ha conseguido ella durante la presentación que ha hecho de mí-, es salir con un chicano antes de terminar el instituto.

La historia es relatada en primera persona por ambos protagonistas, alternando los capítulos, primero Britt y luego Alex y así durante la novela.

Me ha gustado, aunque han escaseado los aspectos cómicos de algunos personajes ante momentos de peligro o miedo. Como el de Sierra (amiga de Brittany) que al presenciar a alguno de los chicanos, en especial Alex, se pone a rebuscar en su bolso como medio de escape y no mirarle a la cara por miedo. A pesar de ello, te mantiene intrigada hasta el final, ya que Alex está tras el culpable de la muerte de su padre.

La complicación de esta historia comienza cuando la profesora de química les pone a trabajar juntos durante todo el curso, lo que conlleva muchas riñas por ambas partes.

“-Me estabas mirando como si quisieras besarme.
Me obligo a soltar una carcajada.
-Sí, claro –digo con sarcasmo.
-Nadie nos está mirando, así que si quieres hacerlo, adelante. No quiero alardear, pero soy todo un profesional.
Me sonríe lentamente con una sonrisa que probablemente haya inventado para derretir los corazones de todas las chicas del planeta.”

En especial, me encantó esta comparación con la película de Grease.

“-Venga ya, Alex. Colin Adams es guapo, es el capitán del equipo de fútbol y el héroe de Fairfield. Tú eres más bien como Danny Zuko en Grease. Fumas, estás en una banda y has salido con las chicas más malas y guapas. Brittany es como Sandy… una Sandy que nunca aparecerá en el instituto con una chaqueta negra de cuero y con un cigarrillo colgando de la boca. Olvida esa fantasía.”

Es una novela divertida y fácil de leer. La recomiendo para todo aquel que le guste el romance-juvenil y el breve misterio de la venganza.

“-(…) Bésame para que podamos averiguar si todavía existe química entre nosotros. Porque mi corazón, mi alma y todo lo demás ya es tuyo.”



4/5
Me gustó
 [Muy recomendable]

martes, 17 de marzo de 2015

Hércules y la hidra de Lerna

En aquel tiempo remoto en que los dioses se aparecían de continuo ante los ojos de los seres humanos, abundaron los héroes, hombres excepcionales que ponían su fuerza, su coraje y su astucia al servicio de los demás. Entre todos ellos, ninguno fue tan admirado como Hércules, de quien se decía que habría podido vencer a un ejército de miles de soldados sin ayuda de nadie. Enérgico y corpulento, Hércules era insuperable en la lucha, en la caza y en el manejo de las armas. Siendo un recién nacido, ya dio pruebas de su fuerza descomunal el día en que un par de serpientes se deslizaron en su cuna para darle muerte. Lejos de asustarse, Hércules las agarró con sus recias manos, les apretó el cuello hasta estrangularlas y las entrelazó para formar con ellas una siniestra trenza.

Fueron muchas las ocasiones en que Hércules salvó al mundo de un serio peligro. Él fue, por ejemplo, quien acabó con la hidra del pantano de Lerna, un monstruo nacido en los infiernos que tenía más de cincuenta cabezas, semejantes a serpientes de afilados colmillos. La hidra se alimentaba de ovejas y vacas, y su aliento era tan venenoso que secaba las cosechas y causaba la muerte de todo el que lo respiraba. Por su fiereza y brutalidad, parecía un animal indestructible, pero Hércules viajó hasta el pantano de Lerna con el propósito de poner fin a su vida.

Cuando llegó, la bestia dormía dentro de su guarida, en una cueva situada a orillas del pantano. Hércules la obligó a salir lanzando al interior de la cueva una docena de flechas a las que había prendido fuego, con lo que la atmósfera dentro de la gruta se volvió irrespirable. En cuanto la hidra apareció, se hizo evidente su furia asesina. Los cien ojos del monstruo brillaban como brasas, y sus cincuenta bocas lanzaban unos rugidos ensordecedores que habrían bastado para matar de terror a cualquiera. Hércules se defendió de la bestia con una lluvia de flechas, que en realidad no sirvió de nada, pues  ninguna se clavó en el cuerpo de la hidra, ya que las escamas de su piel eran duras como rocas. El monstruo, pues, siguió avanzando, a tal velocidad y con tanta decisión que levantaba grandes oleadas de barro en el pantano. Enseguida, llegó a pocos pasos de Hércules, quien habría muerto en aquel mismo instante, envenenado por el aliento de la hidra, de no ser porque había tomado la precaución de taparse la nariz y la boca con un pedazo de tela.


En cuanto la hidra estuvo a su alcance, Hércules levantó la poderosa maza de olivo que llevaba siempre consigo y comenzó a golpear al monstruo con fiereza. Más de cien mazazos cayeron sobre sus cabezas, pero la bestia apenas se resintió. Hércules abandonó  entonces la maza y empuñó la espada. Del primer mandoble, una de las cabezas de la hidra saltó por los aires, cortada limpiamente como una espiga de trigo. Parecía una buena señal, pero lo que sucedió al instante dejó horrorizado a Hércules. Y es que del cuello recién cortado brotaron tres nuevas cabezas, amenazantes y vigorosas. Hércules se sorprendió tanto que dejó de blandir la espada por un momento, y la hidra trató de aprovechar la ocasión para enroscarse alrededor de su cuerpo. 


El héroe, sin embargo, fue lo bastante ágil como para saltar hacia atrás en el momento preciso, y de esa manera se salvó de morir estrangulado. 

Desde aquel instante, la lucha fue encarnizada. Hércules cortó una segunda cabeza, y el prodigio se repitió: del muñón emergieron tres cabezas nuevas. Parecía increíble, pero cuanto más mutilaba a la bestia, más fuerte y peligrosa se volvía. ¿De qué le servían el valor y la fuerza ante un monstruo tan terrible? ¿Qué podía hacer? ¿Acaso su destino era morir en aquel pantano, devorado por una bestia inmunda? Hércules estaba al borde de la desesperación. Por un momento, pensó que la hazaña que había emprendido no estaba al alcance de sus posibilidades. Y su vida hubiera acabado allí mismo de no ser porque, en el momento menos pensado, el héroe oyó junto a sus oídos una voz que le susurraba: 

-Busca la cabeza de oro…

Sin dejar de esgrimir su espada, Hércules miró de reojo a su alrededor y comprobó que no había nadie a su lado. ¿Quién había pronunciado aquellas palabras? ¿Acaso el miedo le hacía delirar?

-Soy la diosa Atenea –oyó entonces-, y he venido en forma de brisa para ayudarte. Si quieres acabar con la hidra, busca su cabeza de oro…

-¿Su cabeza de oro?

-Sí. Esa bestia tiene una cabeza de oro, que es la que la hace inmortal. Si se la cercenas, la hidra dejará de respirar…



Hércules, sin abandonar la lucha, miró una por una las cabezas de la hidra, y en el primer momento, todas le parecieron idénticas. ¿Cuál podría ser la cabeza inmortal? ¿Cómo distinguirla, si todas eran igual de feroces? De pronto, sucedió algo decisivo. El monstruo giró en redondo y cambió así de posición con respecto al sol. Un rayo de luz iluminó entonces una cabeza situada en el centro de su cuerpo, que desprendía un brillo inconfundible: el brillo del oro. Entonces, Hércules levantó la espada con las dos manos y descargó un mandoble brutal sobre aquella cabeza.

El instante que siguió se le hizo eterno. El héroe notó los latidos de su propio corazón, y el cansancio acumulado en el brazo se le hizo insoportable. La cabeza de oro de la hidra saltó por los aires y cayó al pantano. Entonces, el monstruo lanzó un rugido ensordecedor, el último rugido de su vida, y se desplomó sobre el barro. Hércules había vencido, y en cuanto recobró las fuerzas, enterró la cabeza de oro bajo la roca más pesada que encontró, para asegurarse de que la hidra no volvería a ver jamás la luz del día.



sábado, 14 de marzo de 2015

Comienza mi “libertad” literaria

Pues ahora a ¡¡leer!! Dedico esta entrada para dar comienzo a mis lecturas sin pausa, mientras tenga tiempo libre, claro.  Porque tendré más cosas que hacer... 


Sin más, espero que les gusten mis próximas publicaciones.



¡Pasen un buen día! ¡Felices lecturas, dreamers!


Fátima